La guayabera: un excelente pretexto
El proyecto de reanimación cultural Día de la guayabera salió airoso de su primera experiencia con el público que se volcó al centro cultural de la ciudad de Sancti Spíritus para participar en un sinfín de opciones orquestadas en torno al teatro, la literatura y el libro, la música y las artes plásticas bajo el rótulo identitario de la prenda de vestir más popular de los cubanos, cuyos orígenes pudieran remitirse a las márgenes del Yayabo.
Dos días de festejos en el parque Serafín Sánchez y sus inmediaciones, incluido el bulevar que reunió muchas de las acciones culturales concebidas para su anchuroso trayecto, tuvieron culminación el Día de la Cultura Cubana con un concierto único de Vania Borges en una galería de arte abarrotada de público.
La mañana de ese día, el periodista Ciro Banchi ofreció una acuciosa disertación sobre el origen de la guayabera y su vínculo con la figura de José Miguel Gómez, espirituano que peleó en las guerras por la independencia del yugo español y llegó a ser presidente de la república.
Una programación que permitió la alternancia de actividades para todos los gustos pudiera ser la clave del éxito de El día de la guayabera a celebrarse en lo adelante las últimas semanas de cada mes para concluir cada año en una gran fiesta de varios días.
El proyecto, promovido por un grupo de intelectuales, que venían trabajando en su adecuación y puesta en marcha desde hace varios meses, contó con el apoyo de la Cultura como institución y de las organizaciones sociales como la AHS y la UNEAC, sin lo cual hubiera sido imposible cubrir un ambicioso plan de actividades con el lógico respaldo material y financiero.
Otros momentos de indudable acierto y acogida de público fueron las retretas del parque, que recibieron por primera vez a grupos de música juvenil auspiciados por la AHS; el mural gigante pintado por varios artistas del patio; la muestra retrospectiva de Antonio Díaz, pintor de la ciudad; el Taller de reflexión sobre la crítica cultural en los medios y el grueso de las propuestas del Consejo de las Artes Escénicas con funciones y pasacalles, amén de la presencia de los libros y los artesanos en el paso peatonal.
El espíritu de colaboración brilló como nunca antes en esta primera experiencia, que como es lógico no estuvo exenta de imprecisiones surgidas al calor de tanto ajetreo; ahora se impone que La Guayabera salga a buscar un potencial público comunitario, uno de sus empeños cardinales, y que el admirable apoyo institucional no se pierda entre los humos de la complacencia por el impacto de una primera vez.
Ese es otro de los propósitos que se insinúa como un reto de tamañas proporciones: mantener en vilo, mes por mes, la programación apoyada en las fortalezas que ya asoman para que el proyecto se mantenga vivo en las ascendencia de la gente y vaya ganando a fuer de originalidad y poder de convocatoria nuevos adeptos; matiz que lo diferencia del resto de los eventos celebrados una vez al año y olvidados hasta el próximo encuentro sin soluciones de continuidad.
El día de la guayabera tiene sus cartas echadas. El tiempo, que todo lo puede, nos pudiera deparar una temporada de ascenso que debe fundar un nuevo signo identitario en el concierto de la nación para devenir emblema de la cultura espirituana. La guayabera seguirá siendo un excelente pretexto.